Love Supreme
Dulce, inesperado, suave, sensual, problemático, sexual, tenso, cariñoso, rutinario, revelador, reservado, esperado, resolutivo, provocador, concluyente, evocador,…
En la playa, en el coche, en un bar, en tu cama, en mi sofá, en la ducha, en el parque, en al ascensor, en mi portal, en un restaurante, en un descampado, en tu pasillo, en mi trabajo, en un probador, en el cine,….
En mi cuello, en mi mejilla, en mi frente, en tu hombro, en tu espalda, en tus manos, en mis labios, en mis pechos, en tu ingle, en mi oreja, en tus pies, en tus tobillos, en tus pezones, en la puntita de mi nariz,…
Tantas maneras, tantos sitios, tantas zonas corporales, tantas formas de besar… Y nunca es el mismo beso, nunca se siente de la misma manera. Siempre es especial, por la zona besada, por la persona que lo hace o por la sensación evocada. Porque es el primero o porque sabes que es el último. Porque sólo deseas a esa persona o porque sabes que la amas con todo tu corazón. Porque es el comienzo de una noche apasionante o porque es el final antes de que te vayas. Porque repetiremos el fin de semana siguiente o porque pueden pasar meses hasta que volvamos a sentir nuestros labios. Porque me excita o porque me da escalofríos. Porque no lo esperaba o porque lo ansiaba.

Quizá mañana amanezca soleado, pero no creo que sea posible
Quizá mañana tenga palabras nuevas que poner en mi blog, pero ulimamente estoy falta de ideas
Quizá el abrazo que espero aparezca de ti inesperadamente, pero estando en la distancia es improbable.
Quizá el libro que estoy leyendo me abra los ojos, pero no fue escrito para eso.
Quizá esta sea la última cerveza, pero en vuestra compañía nunca existe la última.
Quizá esta sonrisa dure eternamente, pero la vida no nos da esa satisfacción.
Quizá el despertador mañana no suene, pero todos los días termina haciéndolo.
Quizá mañana te marches, pero pronto volverás.
Quizá creas no conocerte, pero en el fondo sabes todo lo que eres.
Quizá el error es buscar, pero más erróneo es desistir en la búsqueda.
Quizá las cosas cambien, pero no lo harán si no estás dispuesto a poner tu grano de arena.
Quizá en mis sueños aparezcas tu, pero es posible que no lo hagas.
Quizá, quizá, quizá, quizá, quizá, quizá…….

Llevo seis meses en mi empresa, y después de estar los dos primeros meses esperando a que me llegara el uniforme para ir en concordancia con el resto de mis compañeras, cuando ya no lo esperaba, en el cuarto privado encontré una bolsita con ropa para mí. ¡Por fin! ¡Era mi uniforme! Me fui tan contenta a mi casita pensando que al día siguiente iría igual de mona (ironicamente hablando) que el resto. Llegué a casa, saqué con cuidado los pantalones, las camisetas y la “casaca” (es el único día que tratas con cuidado la ropa del trabajo…) y me decidí a probarmela. Yo ya sabía que era fea, por decir algo, pero… ¿Hay algo peor además de que el uniforme sea horrible? Si señores, que te quede enorme… Que vayas a currar pareciendo un cantante de rap.
Bueno, pues ya podía estar contenta, mi uniforme incómodo, horrible y enorme ya estaba en mi poder, además de lo calentito que era, que en pleno invierno ibamos con una casaca (camisa de tela, ancha y de media manga) de lo más confortable… Y yo me pregunté en ese momento, ¿la persona que ha decidido que este es el uniforme se lo habrá puesto algna vez a las 9,30 de la mañan a 7º al sol? En definitiva, yo tan contenta porque iba igual de ridicula que las demás a trabajar.
Total, que hace un par de meses nos llega un comunicado en el cual nos dicen que hay cambio de uniformidad. OLE!!!! Menos mal a ver si se lucen un poco esta vez… Pues sí se han lucido, ahora que llega el verano, nos mandan una chaqueta de punto, por si con el calor nos entra frío. A las novatas que teníamos uniforme antiguo no nos han mandado camisetas, no sea que gasten mucho en cuatro camisetas de algodon negras. Y bueno, bueno, buenooooo…. el pantalón es elástico!!! Menos mal que en algo han acertado. Porque si señores, en mi trabajo me muevo y necesito un pantalón que estire un poquito al agacharme y porque si no cede, temino con el pantalon roto por las costuras (hecho con el que me he puesto roja en alguna ocasión, no en este trabajo, pero en otros anteriores si) y no es plan de ir enseñando el tanga a todos los clientes…
Por lo menos esta vez, con el pantalón han acertado, que más podemos pedir…. ¿Para la próxima que nos deparará el uniforme? Quién sabe… Ya os contaré los siguientes aciertos en el uniforme currantil.
Esta mañana me asomé a la ventana hacía un día perfecto, así que mientras mi marido dormía decidí salir a pasear. Me levanté, me hice mi desayuno y para no despertarle salí en silencio de casa. Bajé en el ascensor con mi vecina Esperanza, la cual, sorprendida me preguntó que donde iba tan madrugadora y sola, así que limité a decirle que a dar un paseo y disfrutar del sol.
Salí a la calle, andé hasta la esquina de mi barrio de toda la vida admirando los escaparates mientras los primeros rayos de sol calentaban mis mejillas. Pasé a la cafetería de la calle de enfrente, donde he desayunado todos los días de mi larga vida. Pedro el camarero aún me pregunta si el café lo quiero con leche, como si no lo supiera. Cuando terminé el delicioso desayuno que me recuerda a los días en los que llevaba a mis hijos al colegio me dispuse a seguir paseando. Hasta que llegué a un parque. Un lugar en el que nunca había estado, no recuerdo que cerca de mi hogar estuviera este sitio. Simplemente me limité a sentarme en un banco y contemplar la belleza que había a mi alrededor.
Al cabo de un rato, quizá una hora o dos, miré mi reloj y deduje que debía volver a casa, era la hora de hacer la comida a mi marido, como todos los días. Me levanté e intenté seguir el camino que había hecho hasta llegar allí. No recordaba donde estaba, no conocía a nadie de la zona, nada era común allí para mi. Salí del parque y un caballero moreno me saludó con una expresión como si me conociera desde siempre. Un sentimiento extraño recorrió mi cuerpo, ¿de que me conocía aquel señor? Seguí andando intentando buscar mi casa y a mi marido, sin conseguir reconocer ninguna de las calles que rodeaban aquella zona. ¿Que extraño?
Después de intentar desesperadamente localizar algun punto de referencia que me llevara junto a mi esposo encontré a un agente de policía. Le pedí con lagrimas en los ojos que me llevara allí donde debía estar hacía una hora. Él, muy amablemente me acompañó. Durante la vuelta nada era conocido, una tal Esperanza, a quién yo no he visto en mi vida, me preguntó que si me había perdido. Me miró con ojos de compasión, ¿pero quién demonios se cree que es? Ni que la conociera para que me mire así. Entré en un portal, que se suponía que era el mío, pero que si lo era, yo no lo reconocía como tal. Llamaron a una puerta y un señor con lágrimas en los ojos me preguntó que dónde había estado. De repente, sin saber cómo, algo desperto en mi mente y comencé a reconocer esas lágrimas. Esa sensación ya la había tenido días anteriores, ese señor que segundos antes no conocía, era mi marido. Ese señor que ultimamente cada vez que salgo a pasear llora, es el hombre de mi vida. No se porque cada vez que regreso le encuentro desecho en llantos. Sólo se que el amable policía que me acompañó a mi casa le pidió por favor que tuviera más cuidado de mí, que todos los días si no era él era su compañero el que tenían que traerme de vuelta.
Mi marido, esa persona que ha vivido conmigo siempre, que hemos pasado los años más felices de nuestras vidas ahora sólo llora. Sólo sabe decirme que porque me marcho, que no debo salir sola, que no recuerdo las cosas. Hace unos meses eran despistes, ahora no reconozco a las personas, no reconozco las calles, no recuerdo el parque donde mis hijos han jugado toda la vida. No sé que me está pasando, pero algo en mi cabeza no quiere recordar las cosas, y lo único que veo cuando vuelvo a la realidad es a mi marido envuelto en lágrimas porque no sabe donde me había marchado. Creo que algo no va bien y no se que es.

Te ví en la lejanía, estabas de espaldas, tu pantalon pobablemente en otro cuerpo no podía estar más perfecto, la americana conjuntaba a la perfección con tu espalda pero no con tu camisa y tu corbata. En esa lejanía no di un duro por conocerte, no me importaba saber ni tu nombre, ni tu teléfono. No estaba sola, es más, estaba rodeada de gente, pero en realidad lo único que me acompañaba hasta ese momento eran mis pensamientos, sólo me encontraba yo conmigo misma. Con la verdad sobre la mesa, la soledad me acompañaba entre la muchedumbre.
Sin esperarte apareciste a mi lado al cabo de unas horas. Continuaba con la misma tónica anterior, ni quería tu telefono, ni saber más de ti que lo que te apetecía beber en ese momento. No compartimos nada durante esos instantes, no había nada que nos uniera. De pronto sin darme cuenta ya no estabas allí, no te eché de menos, sólo miré donde debías estar y ya te habías marchado. ¿Donde? Quien sabe…
Me marché y quiso la casualidad que en mi soledad te encontrara de frente, que viera algo en tus ojos que arrancó mis ganas de saber más de ti. El tiempo que tardaron tus labios en llegar a los míos no lo recuerdo, pero si recuerdo que no me importaba quien hubiera cerca, ahora no estaba sola, estabamos los dos. Tu y yo, tus labios y los míos, mi cuerpo temblaba y tu mano acariciaba mi pelo. Buscamos la oscuridad de la noche para poder sentirnos, el tiempo no importaba, sólo importabamos tu y yo. Me estremecí en tus manos, me acurruqué en tu pecho, gocé con tu cuerpo. No quería saber nada. No quería otra persona en mi vida. No quería tu teléfono. No quería saber tu nombre.
Me apuntaste tu teléfono, me diste tu nombre y me retaste a buscarte cuando quisiera. No quería saber nada.
A la semana siguiente nos volvimos a ver. No fuimos a cenar, ni al cine, no eramos convencionales. Sólo ansiabamos tenernos cerca, sentirnos, descubrir nuestros cuerpos a la luz de la luna. No quería quererte. Sólo quería que estuvieras ahí, que las horas se me hicieran eternas fundiéndonos el uno en el otro. No quería quererte, pero algo hizo que no pudiera no quererte.
Hoy no me salen palabras que puedan resultar interesantes, no se que demonios contar aqui, pero tengo las ganas irremediables de querer escribir algo, de poner un poquito de mi aquí. Así que os daré la noticia que ha hecho que sonriera un poquito más este fin de semana:
Pues sí señores, ya hemos comprado las entradas que tanto se han hecho de rogar, y el día 1 de Junio ciertos personajillos estaremos disfrutando de este grupo en el Estadio de Montjuic.
La crónica del concierto no faltará y alguna fotillo para que podais admirarla tampoco.
Escuchen y disfruten
¿Quiénes han llenado los mares de podredumbre?
¿Quiénes han volado con sus bombas mi jardín?
¿Quién ha disparado contra niños indefensos?
¿Quién ha destrozado toda ilusión por vivir?
¿Quiénes han cambiado la sonrisa por el llanto?
¿Quiénes han matado al niño que llevo en mí?
¿Quién ha matado animales indefensos?
¿Quién ha disfrutado haciendo a otros sufrir?
Malos y cobardes, malos y cobardes.
Rompen ilusiones y son insaciables.
Malos y cobardes, malos y cobardes.
No serán felices y ellos bien lo saben.
¿Quiénes han violado a los derechos humanos?
¿Quiénes han torcido mi camino junto a ti?
¿Quién ha atropellado la vida de Mururoa?
¿Quién ha torturado del uno al otro confín?
¿Quiénes han robado a los pobres de su tierra?
¿Quiénes han llenado con dinero su existir?
¿Quién ha incendiado los bosques de medio mundo?
¿Quién ha marginado al emigrante infeliz?
Malos y cobardes, malos y cobardes.
Rompen ilusiones y son insaciables.
Malos y cobardes, malos y cobardes.
No serán felices y ellos bien lo saben
Celtas Cortos
Hoy leyendo los correos que tenía guardados apareció un mail de hace casi dos años. Es de una persona a la cual conoces mucho, o eso crees. Volví a leer como estaba su vida por aquellos momentos (ahora todo es distinto), la ternura en sus palabras y el tipo de besos que me mandaba al final de su informe de vida. El final del mail era el siguiente: “Besos, eh, pero no cualquier beso, de esos que el corazon te empieza a latir y quiere salir de tu cuerpo para entregarse a la persona besada. Pues de esos.”
Cuando llegas a conocer a una persona de tal forma que te ocurre que el corazón quiere salirse de tu pecho, pero sabes que es imposible que eso llegue nunca a buen puerto ¿que haces? Cuando deseas poder escaparte y aparecer a la mañana siguiente durmiendo a su lado, pero sabes que tu vida, los 500 km de distancia y la realidad, hacen que se irreal ¿que haces? Cuando las conversaciones duran horas, ya sea por telefono o internet y esa es la forma de comunicarte con él ¿que haces? Cuando la felicidad para ambos es que los dos seamos felices con alguien a nuestro lado, sabiendo que probabemente la felicidad la encontrariamos estando en el mismo lugar a la misma hora ¿que haces? ¿Que haces cuando es él el que te aconseja del daño que puede hacerte otra persona?
Lo que yo hago es recordarle muy a menudo, llamarle cada vez que aparece por mi cabecita y recordarme que alli tengo un amigo, que él me recuerde que soy una mala persona por no coger el ave e irme a visitarle, recordarnos que nos echamos de menos (aunque no sea a diario), que me diga que soy la mujer de hielo (me encantan esas palabras de su boca), que estoy loka (con K), que me pregunte si volaré de mi casa para bajarme cerca (aunque sabemos de sobra que no dejaríamos nuestras ciudades).
Y lo que saco de esto es que tengo un amigo allí donde ande, que sus besos escritos (en su momento) me sacaron una sonrisa, que sus carantoñas eran la mejor despedida en las conversaciones y que siempre cada dos o tres meses tendremos una conversación amena que dará que pensar durante unos días.
Me desperté totalmente desorientada, sólo el tacto de un beso en mi mejilla y un portazo me hicieron salir de mi profundo sueño. Tu beso me hizo sonreir, pero no abrí los ojos hasta que no noté que te habías marchado. Como suelo acostumbrar a hacer disruté de unos minutos después de mi despertar, pero ese día disrute más aún porque podía retozar por una cama enorme. Aunque echaba de menos tu calor a mi lado saboree la dulce sensación de expandirme hasta casi ocupar toda la superficie, algo que adoro. Transcurrido esos breves pero intensos momentos, decidí levantarme a prepararme el café que me hacía todas las mañanas antes de salir dirección a la playa. Me encendí el cigarro que es costumbre en mí disfrutar con mi café matutino.
Mi cuerpo no estaba en plenas condiciones de descanso, después de una larga (pero amena) noche no puedes esperar que tus ojos no muestren el cansancio, aunque tu expresión muestre la felicidad.
-Son las 9,30 de la mañana, y estás de vacaciones, pero necesitas sentir el tacto del mar por última vez rozando tus pies.
Así que me puse en pie y ese día sólo cogí la toalla y las llaves de casa, necesitaba oír el mar, recorrerme de punta a punta la playa y reflexionar sobre lo que iba a acontecer en mí vida. Normalmente para reflexionar me tumbo en mi cama, pero en ese momento, por la cercanía que tenía al mar, decidí pensar andando y mirando al infinito, mientras el viento soplaba retirandome el pelo de la cara. Sujeté con una mano las chanclas y en el cuello mi toalla, puesto llevaba un vestido blanco que dejaba entrever el biquini verde militar. Totalmente decidida a recorrerme la playa entera me acerqué hasta la orilla y comencé mi paseo, el cual sería un momento decisivo o no en estos momentos de mi vida. Las ideas que surgían una y otra vez en mi cabeza hicieron que sin darme cuenta hubiera andado desde una punta a la otra de la playa, mientras que las lágrimas descendían por mi rostro ocultas bajo mis oscuras gafas de sol. Las dudas atemorizaban mis pensamientos, no podían salir de mi cabeza, se habían anclado desde hacía días ahí sin querer salir. ¿Encontraría la solución en ese paseo? Probablemente no, pero la sensación de alivio cuando los problemas intentan salir en forma de gotitas por tus ojos es increíble. Sería mi último paseo, tenía que disfruarlo al máximo, tenía que notar las mil sensaciones que te ofrece la costa antes de mi regreso, pero no recuerdo muchos de los factores externos de ese día, aunque sí los internos.
Llegó la tarde, el fin de mi estancia en aquel lugar estaba a punto de comenzar.
-Hasta pronto, nos volveremos a ver, no dudes que el regreso para ver tus calas, tu azul marino, tu arena blanca, no será muy tarde, aunque tampoco será pronto. Así es la vida… Siento no haberte podido ofrecer hoy el total de mi atención pero sabes que te adoro. Agua salada, no me eches de menos, yo intentaré no hacerlo y pronto nos volveremos a rozar y a sentirnos, como si fueramos uno.